El descubrimiento del oxígeno fue muy importante para la ciencia moderna. Joseph Priestley, un científico nacido en 1733 cerca de Leeds, Reino Unido, fue la primera persona en entender cómo hacer artificialmente lo que la fermentación de la cerveza hacía naturalmente. Además, inventó la manera de hacer agua carbonatada, la base de los refrescos que hoy bebemos en todo el mundo.

Priestley fue un hombre muy inteligente que hablaba nueve idiomas y escribió más de 150 libros sobre ciencia, política y religión. Era muy curioso y le gustaba pensar de maneras nuevas, lo que a veces no gustaba a las demás personas en su tiempo. Esto lo llevó a mudarse a los Estados Unidos, donde hizo amigos importantes y continuó su trabajo.

La mayor parte de su trabajo famoso lo realizó mientras vivía en Bowood House, en Wiltshire, trabajando para el conde de Shelburne. Allí, Priestley creó un laboratorio muy avanzado con el apoyo financiero del conde.

En este laboratorio, logró aislar el oxígeno por primera vez. Usando una lente para concentrar la luz del sol, calentó óxido rojo de mercurio y capturó el gas que se liberaba. Priestley no sabía exactamente qué era, pero se dio cuenta de que con ese gas las cosas ardían mejor y era diferente al aire normal.

Uno de sus experimentos incluyó poner un ratón en un recipiente con este gas, observando que el ratón podía respirar bien y vivía más que en aire normal. También lo probó él mismo, sintiendo que su respiración se hacía más ligera y fácil.

Aunque al principio llamó a este gas “aire deflogistizado”, basado en una teoría antigua, el químico francés Antoine Lavoisier luego probó más sobre este gas y le dio el nombre de “oxígeno”, descubriendo su importancia en la combustión y la respiración.

Más allá de sus estudios con el oxígeno, Priestley también experimentó con la carbonatación del agua. Viviendo cerca de una fábrica de cerveza, se inspiró al ver las burbujas naturales y quiso recrearlas de manera artificial. Puso agua sobre una tina de cerveza en fermentación y observó cómo el dióxido de carbono se disolvía en el agua. Después, mezcló ácidos y tiza, pasando el gas resultante a través del agua para carbonatarla. Esto creó agua efervescente que encontró refrescante. Aunque él la llamó “agua impregnada con aire fijo”, no tuvo la visión comercial de proteger su invento con patentes.

A pesar de eso, su descubrimiento llegó a Europa, y un relojero alemán encontró la manera de producir agua carbonatada de manera industrial, fundando la empresa Schweppes. Por su parte, Priestley nunca buscó beneficio personal de su invento, creyendo que podría tener usos medicinales y quería que fuera un bien para todos.

Este fue solo uno de los muchos logros de Priestley, cuyas investigaciones cambiaron nuestra manera de ver y entender la ciencia moderna. Su curiosidad y dedicación a la investigación siguen siendo un ejemplo para científicos de hoy.