La ilustre propiedad que alguna vez sirvió de hogar al renombrado cineasta Cecil B. DeMille se encuentra a punto de entrar al mercado inmobiliario. Este anuncio no marca una escena más de sus históricas películas, sino una nueva fase en el mundo de las bienes raíces. Según fuentes cercanas comunicadas a Page Six, Angelina Jolie ha decidido vender la majestuosa residencia que adquirió en el año 2017 por una suma de 24.5 millones de dólares.
Este enigmático inmueble se sitúa en el distinguido barrio de Los Feliz, en Los Ángeles, extendiéndose sobre más de dos acres y fue erigido en el año 1913. Durante casi cuatro décadas, la finca fue escenario de la vida de Cecil B. DeMille, cineasta encargado de clásicos indiscutibles como “The Ten Commandments”, hasta su deceso en 1959.
La mansión, que se despliega en más de mil metros cuadrados de espacio habitable, cuenta con seis dormitorios y diez baños. Su diseño incluye elementos arquitectónicos que rescatan el esplendor dorado del Hollywood clásico. En su interior, la presencia de cuatro chimeneas, una impresionante bodega de vinos, una casa de té, y jardines meticulosamente diseñados complementan su elegancia. Además, la propiedad destaca por una piscina adornada con fuentes en cascada y ofrece vistas exquisitas del Observatorio Griffith.
Después del fallecimiento de DeMille, la propiedad permaneció bajo la propiedad de su familia, hasta que fue restaurada meticulosamente para conservar y honrar el legado y periodos anteriores, manteniendo su esencia histórica intacta, como detalla el Los Angeles Times. La residencia conserva molduras exquisitas y revestimientos de madera, amplias estancias formales y puertas francesas arqueadas que promueven una armonía fluida entre los espacios internos y los jardines.
Durante la reciente pandemia, Angelina Jolie transformó este santuario en un refugio para ella y sus hijos, y no solo esto, sino que también abrió sus puertas a amigos que fueron desplazados por los devastadores incendios forestales en la región a comienzos de este año. En un diálogo con British Vogue en 2021, la actriz reveló que su decisión de mudarse a esta residencia fue con el fin de que sus hijos vivieran cerca de su padre, Brad Pitt, cuya residencia se encuentra a solo cinco minutos. Con humildad, expresó sentir una “presión” tras mudarse a un lugar tan cargado de historia, donde figuras como DeMille y Chaplin solían congregarse. Además, confesó encontrar un gran valor en la ausencia de una sala de entretenimientos convencional, disfrutando de los numerosos senderos y espacios para la reflexión.
Este cambio de domicilio no solo representó una transición en los aspectos logísticos de su vida, sino también marcó el inicio de un nuevo capítulo tras su divorcio de Pitt, con quien adquirió la finca poco después de su separación. Esta situación se complica aún más dado que, mientras Jolie se instalaba en su nuevo hogar, la residencia de Pitt, valuada en 5.5 millones de dólares y ubicada a corta distancia, fue asaltada por ladrones mientras él se encontraba en un viaje de trabajo promocionando su película F1.
Jolie y Pitt, cuyo matrimonio concluyó en 2016, se vieron envueltos en una prolongada batalla legal que duró ocho años, centrada en la custodia de sus seis hijos y la división de sus bienes. Aunque alcanzaron un acuerdo el año pasado, la disputa continua sobre la propiedad de su viñedo francés valorado en 500 millones de dólares, Château Miraval.
Aunque los detalles específicos sobre el precio de venta solicitado por Jolie no han sido revelados, expertos en el mercado inmobiliario estiman que el valor de la propiedad podría exceder considerablemente los 24.5 millones de dólares pagados originalmente por ella, dada la alta demanda de residencias con relevancia histórica en Los Ángeles y el carácter exclusivo del barrio de Los Feliz. Este movimiento de Jolie no solo representa una transacción económica, sino también el cierre de un capítulo personal significativo en su vida, marcado por momentos de adversidad y renovación.