Antonella Marty, una destacada politóloga de Rosario, Argentina, nacida en 1992, se ha distinguido por su defensa ferviente del liberalismo hasta que el surgimiento de figuras políticas como Javier Milei ha desafiado y reconfigurado la comprensión tradicional de este término en su país. Marty ha redirigido sus esfuerzos para advertir sobre los peligros que representan los nuevos movimientos de derecha que, aunque se autoproclaman “liberales”, encubren una inclinación hacia el totalitarismo religioso y una regresión a épocas donde la religión y el estado estaban intrínsecamente unidos.
En su obra “La nueva derecha” (Deusto, 2025), Marty explora cómo figuras como Donald Trump, Javier Milei, Santiago Abascal, y Viktor Orban, entre otros líderes ultraderechistas, están impulsados por lo que parece ser un mandato divino. Su transición ideológica desde un neoliberalismo hacia una alineación con los movimientos woke resalta una provocación calculada hacia aquellos a quienes les irrita tal identificación. Marty subraya que el verdadero liberalismo progresista nació rompiendo la fusión entre religión y poder, una visión que ella equipara con la perspectiva woke, que busca iluminar injusticias persistiendo desde el oscurantismo medieval deseado por estas nuevas derechas.
El inicio de su libro con una referencia a Auschwitz no es casual, sino una alarma sobre la similitud entre la deshumanización observada en los años 20 y 30 del siglo pasado en Europa y la retórica actual de estos líderes. Marty destaca cómo el resurgimiento de discursos de odio, a pesar de la derrota del nazismo en la Segunda Guerra Mundial, ha permitido que ideologías racistas, xenófobas y machistas florezcan nuevamente bajo un manto de normalidad.
Este nuevo movimiento de derecha, según Marty, no solamente busca rehusar la separación entre Iglesia y Estado—un logro fundamental de la Ilustración—sino que también se comporta como un movimiento político-religioso con la intención explícita de regresar a un pasado idealizado, representado por una época de opresión y de dominio religioso. Milei y otros líderes utilizan incluso la Biblia para justificar decisiones económicas, mientras que simultáneamente promueven una narrativa de “decadencia de Occidente”, atacando todo lo que no se alinee con sus valores tradicionales como marxista o comunista.
Marty también subraya la incompatibilidad inherente en los discursos de las nuevas derechas, donde a menudo, aunque comparten un enfoque común global, sus proposiciones se contradicen, especialmente en temas de género y roles sociales. La idealización de una “masculinidad fuerte” es frecuentemente acompañada por un misoginia palpable y un ataque continuo contra los avances del feminismo.
La autora no deja de señalar las similitudes preocupantes entre los actuales movimientos de derecha y la izquierda bolivariana en términos de conservadurismo social y desprecio hacia grupos como el colectivo LGTBI. Maduro y Correa, pese a posicionarse ideológicamente en la izquierda, promueven valores que son sorprendentemente alineados con las políticas de nuevas derechas, especialmente en su asociación con figuras como Putin, quien es venerado por su imagen de “alfa” imbuido de una misión divina.
En el ámbito del culto al líder, Marty describe a estos líderes de derecha como figuras rotas y narcisistas que buscan constante admiración y perciben cualquier crítica o desafío como un ataque personal. Esta falta de empatía y comprensión emocional culmina en un enfoque que divide la sociedad entre quienes son considerados “ciudadanos de bien” y los demás, quienes deben ser subyugados oeliminados.
Finalmente, la obra de Marty no solo es una crítica de la política actual sino también una llamada a la acción para resistir estas tendencias regresivas. Subraya la importancia de educar a las nuevas generaciones en el manejo consciente de emociones y la promoción de un pensamiento crítico que pueda desafiar eficazmente el dogma y el oscurantismo perpetuado por estas ideologías. Su análisis concluye que la separación de la religión y la política sigue siendo el desafío principal para asegurar un futuro donde la libertad y los derechos humanos sean verdaderamente universales y respetados.